Entrevista al Dr. Lupicinio Íñiguez: “La Experiencia la debemos buscar en las conversaciones”

Lupicinio Íñiguez* es Doctor en Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona.  Durante este semestre estará trabajando en la Escuela de Psicología gracias al Concurso Nacional de Atracción de Capital Humano Avanzado del Extranjero, modalidad estadías cortas (MEC), presentado por la Escuela. Sus intereses en investigación son los métodos cualitativos de investigación en Ciencias sociales y el Análisis del Discurso.

Dentro de las múltiples labores que desarrollará en nuestra escuela está la formación de estudiantes de pregrado y postgrado en las áreas de psicología social y metodologías cualitativas de investigación, generar redes y vínculos con académicos internacionales, apoyar el trabajo de investigación de la escuela y la indexación de la Revista Psicoperspectivas.

En una extensa entrevista conocimos más sobre la psicología social y el enfoque de la “Psicología Discursiva” que él trabaja, además pudimos conocer su apreciación sobre los actuales movimientos sociales.

¿Qué enfoque particular entrega usted al ramo de Psicología Social 1?

Yo no le entrego ningún enfoque particular, yo  enseño psicología social y trato de presentar a los estudiantes lo que ha sido la psicología social, la que me guste, la que no me guste, todas las psicologías sociales. No  creo que sea yo quién deba brindarles a ellos sobre lo que es mejor o lo que es peor, yo les presento lo que ha sido la psicología social  y luego ellos decidirán.

¿Qué le parece trabajar en la Escuela de Psicología de la PUCV? , desde su perspectiva ¿Qué llamo su atención para aceptar trabajar en esta Escuela?

Bueno, conozco en los últimos  años unas cuantas escuelas de psicología en los distintos países latinoamericanos y esta es una de las más jóvenes, más dinámicas y más interesantes  escuelas que he visto, así que es un gusto estar aquí.

Yo he venido aquí porque Vicente Sisto me ha invitado, yo antes no conocía la Escuela. Ha sido la Escuela la que me ha elegido a mí, cuando he venido me he encontrado esto: que ha sido uno de los lugares más dinámicos que se pueden encontrar, pero podría haber sido una sorpresa.

Según su opinión, ¿en qué se encuentra la Psicología Social? ¿Cuáles son los debates actuales que atraviesan a la disciplina?

Bueno, no hay  una psicología social única, entonces no se puede responder esa pregunta. Hay múltiples prácticas distintas de psicología social, múltiples orientaciones, múltiples teorías, prácticas metodológicas, intereses, entonces  es imposible decir cuáles son los temas en que está la psicología social, depende muchísimo del tipo de planteamiento.

La psicología social es una disciplina  muy plural, no se puede delimitar, no existen puntos de consenso o equilibrados. Hay una etiqueta sí  que engloba a muchas personas distintas trabajando en muchos lugares del mundo, pero es tan grande lo que les une como lo que les separa.

Entonces, ¿cuáles son las principales corrientes de la psicología social?

Hay una psicología social más tradicional que se practica en los Estados Unidos, que es una psicología social donde pesa más la parte psicológica que la social, interesada en procesos más individuales que colectivos. Les interesa saber más cuál contexto social interviene o modula el comportamiento  de los individuos y que es de carácter experimental o post-experimental. Es decir que desarrolla su trabajo y procura el conocimiento de aquellos temas que le preocupan en un espacio  de laboratorio, siendo una de las pocas disciplinas  que aún practican experimentos con humanos.

Ha habido grandes temas, a lo largo de la historia, fundamentalmente las actitudes: qué son, de donde vienen, cómo se forman, cómo orientan el comportamiento, cómo se cambian, cómo podemos  persuadir a las otras personas, cómo las podemos convencer de que piensen una cosa o hagan algo. Y también la dinámica de grupos, cómo se crean y funcionan, en qué consiste el liderazgo, podrían ser temas típicos de esa psicología social de raíz norteamericana, que es probablemente la más abundante.

La psicología social está en una empresa que intenta entender lo que es un ser humano y lo que es un ser humano en sociedad.

Hay una psicología social que se podría identificar como europea que nace en contestación a la dominación de la psicología social norteamericana y que tiene algunas características. Fundamentalmente lo que movió a esa psicología social es la idea de que se estaba practicando una investigación demasiado individualista, donde realmente los aspectos sociales no se tenían en cuenta y que merecía la pena ensayar otro enfoque para entender como funcionamos los seres humanos cuando estamos juntos.

Ahí resalta, por ejemplo, el trabajo de Moscovici, que se ha interesado por las formas de pensamiento social, como se han generado los comportamientos en los pensamientos colectivos, lo que él ha llamado las representaciones sociales, y cómo esas representaciones sociales intervienen en el comportamiento.

Tasfeld, muy preocupado por averiguar  dónde radica el origen de la discriminación y el prejuicio, es decir, su preguntas, porque él fue perseguido por los nazis, es decir, cómo es posible  que los seres humanos discriminen a otros hasta el punto de acabar con ellos y él pretendió siempre entender ese proceso y elaboró ideas muy interesantes que, de una manera u otra, permiten entenderlo como el lugar que ocupa la identidad social en ese proceso, la existencia de conflictos de orden simbólico, explicarían muy bien estas dinámicas de segregación y exclusión.

Luego en Latinoamérica hay también una forma de psicología social que se puede identificar con características propias. Hay una cierta polémica sobre si esta psicología social es o si no es psicología comunitaria. Yo no veo muchas diferencias, lo que yo veo es una práctica de la psicología que  está preocupada por identificar los procesos de exclusión de la gente, las razones de las desigualdades sociales y que intenta hacer alguna cosa para cambiarlo. Y para eso echa fundamentalmente mano de todas aquellas empresas humanas que han intentado alguna vez reducir esas desigualdades. Ya sea el Marxismo o incluso la doctrina de la  iglesia católica. Entonces esa psicología social, está muy enraizada en los procesos cotidianos, populares,  y busca una intervención orientada por las propias personas que les permita mejorar sus condiciones de vida.

¿Cuál es la tradición a la que usted adscribe?

A partir de los años 80 aproximadamente, comienza simultáneamente en varios lugares un movimiento de rebeldía o contestación a las formas de practicar psicología social, a las formas de pensar el pensamiento social colectivo que, poco a poco, se acabó identificando con la etiqueta de psicología social crítica. Movimiento que no es ajeno a otros movimientos críticos en el conjunto de las ciencias sociales y que aparecen también.

Esta forma de psicología social crítica le da un vuelco  los supuestos teóricos y metodológicos de la psicología social y comienza también a defender unas prácticas en la investigación muy alejadas del experimento y la investigación cualitativa y más orientada al análisis de lenguaje, de la conversación, de los significados. Muy preocupada por comprender cómo se generan los significados y como logramos entendernos. Entonces  si yo tuviera que adscribirme a alguna de las psicologías sociales que acabo de describir, yo formaría parte de este último grupo desde aproximadamente los años 80.

Ud. Realiza una cátedra sobre la Perspectiva Discursiva en la Psicología Social. ¿Esa cátedra tiene que ver con este enfoque?

Sí claro, yo comencé en los años 80 a interesarme por el lenguaje y por el discurso. Me formé en análisis del discurso y poco a poco fui  incorporando las ideas de estos enfoques discursivos a la psicología. Primero me lo tomé como un método diferente. Empecé a ver el análisis del discurso como un método para analizar el material que yo generaba en las investigaciones que era básicamente  lingüístico: entrevistas, textos, etc. Pero con el tiempo eso fue derivando hacia un enfoque teórico más que meramente un método.

Las características de ese enfoque son un poco contribuir a una visión menos mentalista de la actividad psicológica, intentando ver  lo que podría ser una actividad psicológica no mentalista. Por eso, esas corrientes de tipo discursivo en la psicología son la contraparte y casi el enemigo de las  visiones dominantes en la psicología contemporánea que son fundamentalmente cognitivistas.

Dicho en breve y para que se entienda, la idea de esta perspectiva discursiva, que a veces se llama psicología discursiva, es que  no es necesario mirar la actividad psicológica al interior de las personas en lo que sería la mente porque ésta se genera siempre en relación de unas personas con otras; por lo tanto, hay que mirar en los espacios de interconexión y de intercomunicación entre las personas  y ahí el lenguaje ocupa un lugar central. La experiencia la debemos buscar en las conversaciones. Tanto el funcionamiento que podríamos llamar cotidiano, habitual de la actividad psicológica, como el que entendemos por desviado o patológico.

Entonces, efectivamente yo hace unos 20 años que imparto cursos que por un lado intentan fijar las bases metodológicas del análisis del discurso, pero también, las características teóricas. Que, como digo, podría ser vista como una alternativa real a las visiones dominantes en psicología.

Usted realizó un artículo sobre la “Construcción Social de la Violencia”. Nos podría comentar brevemente de qué trata.

Es un ensayo en el que, con mi colega Miquel Domeneq, pensamos el fenómeno de la violencia desde un punto de vista construccionista, el construccionismo social es una parte de este conjunto de psicología social crítica, probablemente, el más dominante.

La idea que desarrollamos en ese ensayo es básicamente  que un acto no es unívocamente agresivo o no agresivo, un acto no es fuera de contexto, ni violento ni no violento, sino que requiere de una definición como violento o como agresivo. Y en esa definición contribuyen muchas acciones diferentes. Las personas que, contenidas en la situación del proceso social en el cual se inserta, de la sociedad en la cual se está produciendo, en el marco del interés de la cultura en el que se produce. Entonces, abogamos por una problematización menos habitual de lo deseable de lo que es la agresión y la violencia.

Darle una bofetada a un niño podía ser visto como un acto legítimo y hoy es un delito en muchos países. Por ejemplo en el mío no se puede pegarle a un niño en ningún contexto, ni el  contexto familiar ni en el contexto escolar  y sea quien sea quien le da una bofetada corre el riesgo de ser acusado de un delito de maltrato.

Entonces esto no quiere decir que no ha habido un golpe y que no le ha hecho daño cuando esto se practicaba hace 25 años, pero el sentido hoy es completamente diferente del que tuvo entonces, no estamos diciendo si es mejor o peor, ese es otro debate, pero no se puede pensar ninguna acción violenta al  margen del contexto histórico, cultural y social en que se produce, entonces hay una invitación para ver cuáles serían las características que hacen posible la construcción  de un acto como violento o no violento. Entonces si queremos entender los procesos humanos tanto en el momento presente como a lo largo de la historia, hay que hacer una lectura de este tipo.

Finalmente, una de sus áreas de interés es el análisis de los movimientos sociales. Podría comentarnos desde su visión en qué etapa se encuentran los movimientos sociales en España y cómo se inserta ésas movilizaciones en el contexto mundial.

Carezco de la suficiente experticia y conocimientos como para responder esa pregunta porque mi campo de estudio no son los movimientos sociales.

Yo soy un ciudadano comprometido con los problemas de mi tiempo y trato de hacer lo posible, me siento  más o menos inmerso en distintas dinámicas de protesta y de acción colectiva con las que pretendo cambiar el estado de cosas, pero no me atrevo a hacer un mapeo de lo que está pasando ni mucho.

Mi impresión general, no como psicólogo social pues no tengo nada que decir profesionalmente de ese asunto, es que la movilización social y las acciones colectivas en los últimos años están modificando casi todas las formas de activismo que habíamos  conocido hasta el momento. Son más locales, descansan en vínculos relativamente débiles sustentados por las nuevas tecnologías y favorecen la dinámica de organización horizontal, más participación, menos jerárquica y que tiene un enorme potencial de cambio porque las estructura de gobierno y poder no las entienden y como no las entienden les es difícil controlarlas.

Creo que ésas son un poco, pero visto como ciudadano, porque no soy un especialista en el tema, lo  que veo que son características de esta movilización no se asemeja mucho a los movimientos sociales, digamos, tradicionales, ni en su génesis ni en su funcionamiento.

Tengo una anécdota de principios de 15 M que, como se sabe, es una de estas movilizaciones políticas en España hace dos años. Después de una gran manifestación un grupo muy importante de  manifestantes acamparon en la plaza Catuluña que está en el centro mismo de Barcelona y allí estuvieron mucho tiempo catalizando un montón de actividades culturales y políticas.  Y una cosa que pasaba siempre es que de repente llegaba un periodista y preguntaba “¿quién era el portavoz?”, pero no había portavoz porque la dinámica de ese grupo no descansa en ese tipo de jerarquización  entonces nadie es el portavoz porque nadie tiene una palabra ni una mejor posición respecto a otro.

Es más horizontal. Entonces los medios no entendían  absolutamente nada de lo que estaba pasando, de ahí que desacreditaran un poco al movimiento: no tienen objetivos, no tienen estructura, no tienen capacidad.

No, tienen estructura, diferente, tienen capacidades distintas y se expresan de modos diferentes  y yo creo que eso marca unas diferencias muy notables respecto de lo que han sido anteriormente las formas de protesta en general y también las formas de  organización de la acción colectiva y eso es parte del poder que estos nuevos movimientos tienen porque al no responder a esos parámetros tradicionales, su capacidad de movilización por un lado, pero también de provocación y de modificación del statu quo en las relaciones de poder es muy grande también y esperanzador.

*Doctor en Filosofía y Letras (Psicología) por la U.A.B. (1986). Catedrático de Psicología Social (2003) en el Departament de Psicología Social (UAB). Miembro del Grup d’Estudis Socials de la  Ciencia i la Tecnología (GESCIT) y del Grupo de Investigación en Metodologías Cualitativas (GIMC). Coordinador del Programa de Doctorado en Psicología Social (UAB) desde 1995 hasta 2007. Editor de las revistas ‘Athenea Digital. Revista de pensamiento e investigación social‘  y ‘Quaderns de Psicologia. An international Journal of  Psychology’ .